Resumo:
Lo que propongo en este artículo es que probemos medir, para cada país, la cobertura de escuelas hospitalarias: esta singular y significativa expresión de prioridad hacia la infancia y de asunción de la educación como principio humanizador.
Lo que sugiero de aquí en adelante son modos de ejecutar esta medida, no bajo la forma lista de una ecuación, sino al menos bajo las premisas analíticas que permitirían el cotejamiento de este particular indicador de justicia social.
En este sentido, empiezo aclarando que tal cobertura presume, antes de todo, la densidad de escuelas hospitalarias. Por densidad se debe entender la relación entre el número absoluto de éstas y la población de un país. Transformar un valor apreciable a partir de una razón de proporción permite corregir discrepancias extremas, en casos en que se compara este valor con otros.No obstante, si queremos comparar países en este aspecto, es importante destacar que las distancias en crecimiento y desarrollo económico que separan radicalmente a los países centrales de los países periféricos pueden hacer inconmensurable una inversión real en la oferta de escolarización en hospitales.